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La Coctelera

INTERESANTE DE SABER

El sabio puede sentarse en un hormiguero; pero sólo el necio se queda sentado en él

16 Abril 2010

¿QUE HAY DE REALIDAD SOBRE EL SUICIDIO DE HITLER?

CARMORVAN

Hay distintas opiniones sobre la realidad de la muerte de Adolfo Hitler, para unos se suicido , para otros no, así como nos lo recuerda ocultismoyconspiración,com el periodista argentino, Abel Basti, declaró haber encontrado pruebas que demostrarían que Adolf Hitler no se suicidó en 1945 como, según Basti, nos han hecho creer todas las fuentes oficiales.

Es una "leyenda urbana" muy conocida la de que Hitler huyó de su fatídico destino tras la entrada del Ejército Rojo en las calles de Berlín que acabaron con la capitulación del III Reich frente a Stalin y el resto de fuerzas aliadas. Son también conocidas las hipótesis que hablan de asentamientos nazis en América del Sur, principalmente Chile. Algunas de estas hipótesis siempre barajaron la posibilidad de que el mismo Adolf Hitler estuviese en uno de esos "paraisos nacionalsocialistas" en América.

Muchos dirigentes del III Reich y de su maquinaria de destrucción en Alemania y los demás países del Eje huyeron a América vía España y Austria. El gobierno de Franco ayudó a muchos a huír, y el de Perón a refugiarse. Son conocidos varios casos en Argentina investigados por el Mosad, así como las ya citadas colonias de Chile. Menos conocidos son los casos del sur de Brasil, donde se alojaron muchos nazis austriacos y Uruguay y Paraguay donde incluso participaron en la segunda mitad del siglo XX en la creación de Juntas Militares que instauraron sendas dictaduras. Por último está el caso de los Ustachás croatas que se afincaron en Bolivia en el departamento de Santa Cruz.

Todo esto es conocido y fácilmente demostrable, lo sorprendente sería probar que entre todo ese tránsito de genocidas que escapaban de la justicia internacional con el beneplácito de las dictaduras hispanoamericanas también se hubiese "colado" el mismísimo Führer.

Basti dice tener pruebas que aseguran que Hitler, Eva Braun y 13 de sus hombres llegaron a Barcelona el 27 de abril de 1945 desde Linz en un Junker 290, número de serie 0163, código PIPQ. Una vez que llegaron a España, se subieron a un submarino y fueron rumbo a Argentina, donde termino sus vidas apaciblemente.

Basti dice tener pruebas que aseguran que Hitler, Eva Braun y 13 de sus hombres llegaron a Barcelona el 27 de abril de 1945 desde Linz en un Junker 290, número de serie 0163, código PIPQ. Una vez que llegaron a España, se subieron a un submarino y fueron rumbo a Argentina, donde termino sus vidas apaciblemente.

Las pruebas que Basti aporta consisten, entre otras, en un supuesto documento del FBI de 1947, en el que se dice que agentes norteamericanos buscaron a Hitler en España. No todos los dirigentes nazis que huyeron del III Reich a España después dieron el salto a América. Muchos se quedaron viviendo placenteras jubilaciones en la Costa del Sol, Madrid o Mallorca, por citar unos ejemplos. También son conocidos muchos dirigentes Croatas que vivieron en Canarias hasta que se reinstauró el régimen croata en 1991, reviviendo nuevamente en la Guerra de los Balcanes los genocidios ya practicados durante la Segunda Guerra Mundial. El documento concluye que Hitler no estaba en España. Basti dice que es porque ya estaba en Argentina, pero obviamente esto prueba que para el FBI Hitler podría no estar muerto.

Pero quizá su mayor prueba es tener testigos que afirman haber visto y hablado con Hitler en Argentina durante finales de los años cuarenta y durante los años cincuenta

Por su parte, David Solar  en el mundo,esLa última vez que vio la luz del día fue el 20 de abril. Con ocasión de su 56 cumpleaños, se dispuso una ceremonia de condecoraciones en el jardín de la Cancillería. Estaba anfermo y envejecido, aparentaba 20 años más. «Encorvado, con la cara abotargada y de un enfermizo color rosáceo... Su mano izquierda temblaba tan violentamente que comunicaba los espasmos a todo su cuerpo...En cierto momento intentó llevarse un vaso de agua a los labios, pero la mano derecha le temblaba de tal manera que tuvo que abandonar el intento...», recordó en sus declaraciones en Nuremberg uno de los presentes.

También sufría espasmos en la pierna izquierda y cuando esto sucedía debía sentarse. Arrastraba los pies y jadeaba en cuanto recorría unos metros. En el atentado de Von Stauffenberg en Rastenburg, en julio de 1944, sufrió importantes daños en los oídos, por lo que sufría mareos y sus andares parecían los de un borracho.

Soñando, temblando de cólera, dando órdenes, haciendo grandiosos planes militares y arquitectónicos, pasó sus últimos 10 días.En el último instante decidió casarse con Eva Braun, su amante desde 1930 y dictar testamento, cuyo mayor énfasis consistía en la defensa de su obra, la justificación de su antisemitismo y en la designación de un Gobierno que mantuviera las hostilidades.

De los momentos finales se conserva una narración muy minuciosa.Hubo una despedida formal de todo el personal del búnker. Una enfermera soltó un histérico discurso, pronosticándole la victoria.Hitler la interrumpió con voz ronca: «Hay que aceptar el destino como un hombre», y siguió estrechando manos.

A mediodía acudió a la conferencia militar. El general Mohnke le comunicó que la infantería soviética presionaba desde el norte y el sur, tratando de cortar en dos el centro de la ciudad, lo único que aún se defendía.

La artillería soviética se había concedido algún respiro por falta de blancos. La inundación de los túneles del metro había frenado a los soviéticos durante unas horas, pero a costa de la vida de millares de berlineses que estaban refugiados en los andenes. Tras el resumen de la situación, Hitler se quedó a solas con Goebbels y Bormann y les comunicó que se suicidaría aquella tarde.

Luego llamó al coronel Günsche. Le ordenó que una hora más tarde, a las tres en punto, se hallase ante la puerta de su despacho.Él y su esposa se quitarían la vida; cuando esto hubiera ocurrido, el coronel se cercioraría de que estaban muertos y, en caso de duda, les remataría con un disparo de pistola en la cabeza. Después se ocuparía de que sus cadáveres fueran conducidos al jardín de la Cancillería, donde Kempka y Baur deberían haber reunido 200 litros de gasolina, según les encargara la víspera, que servirían para reducir ambos cuerpos a cenizas. «Deberá usted comprobar que los preparativos han sido hechos de manera satisfactoria y de que todo ocurra según le he ordenado. No quiero que mi cuerpo se exponga en un circo o en un museo de cera o algo por el estilo.Ordeno, también, que el búnker permanezca como está, pues deseo que los rusos sepan que he estado aquí hasta el último momento».

Terminado el almuerzo, Hitler regresó a sus dependencias, pero en el pasillo se encontró una nueva despedida: sus colaboradores más íntimos le dieron entonces el último adiós. Luego se retiró a sus habitaciones con Eva.

Cuando todos estaban esperando el estampido de un disparo, oyeron voces ahogadas en el pasillo. Magda Goebbels realizaba el último intento desesperado de salvar su mundo, de salvar sobre todo, a sus hijos y forcejeaba con el gigantesco Günsche, que medía casi dos metros, para entrar en el despacho de Hitler.

No logró vencer la oposición del gigante, pero consiguió que transmitiera al Führer un último recado: «Dígale que hay muchas esperanzas, que es una locura suicidarse y que me permita entrar para convencerle».

Günsche penetró en la habitación. Hitler se hallaba de pie, junto a su mesa de despacho, frente al retrato de Federico II. Günsche no vio a Eva Braun, y supuso que se hallaría en el cuarto de baño, pues oyó funcionar la cisterna. Hitler respondió fríamente: «No quiero recibirla». Esas fueron las últimas palabras que se conservan de Hitler. Diez o quince minutos más tarde, entre las 15.30 y las 16.00 horas de aquel 30 de abril de 1945, ya estaba muerto.

Se suicidó de un tiro en la cabeza mientras rompía con los dientes una cápsula de cianuro. Eva Braun murió a su lado tras masticar una ampolla de veneno.

 Estas opiniones cada una tienen sus fundamentos, le corresponde a quienes se han adentrado en la veracidad de los hechos ubicarse en la veracidad de ellos que lo comprueban, Pero lo cierto  que se manifiestan y para muchos incitan a las dudas...  Tenemos que evaluar lo que realmente la historia nos presenta para siempre pregonar la verdad...

 

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