MILLONES DE NIÑOS MUEREN DE HAMBRE Y NADA SE HACE AL RESPECTO
Carlos Mora Vanegas
Me vi obligado a pedir dinero prestado una y otra vez o a aceptar como alternativa el riesgo de morirme de hambre. Anton Bruckner
Es muy fácil no preocuparse por los demás seres humanos como nosotros, que somos , simples transeúntes por esta dimensión, quizás por esos misterios divinos que no manejamos, nos toca vivir en países en donde no afrontamos el hambre con esa intensidad como les toca a otros países, aun continentes, en donde mueren día a día miles de niños por no tener un bocado de comida, alguien que se responsabilice de ello, por no tener gobiernos honestos, responsables que sepan distribuir la riqueza justamente, se les dé oportunidad al trabajo, se les garantice una calidad de vida adecuada, si realmente están preparados para gobernar , y sobre todo, sin han cultivado su espiritualidad , se han liberados del mundo ilusorio del materialismo, de lo superficial, de las ansias del poder, la ambición.
Matías Gonzalo en un escrito sobre esta realidad , nos invita a reflexionar cando señala entre algunas de sus expresiones: Los buenos momentos se ven opacados por los malos, que abundan y cada vez más. La crueldad humana hace estragos, y lo ha hecho desde siempre. A veces me pregunto, ¿por qué nacimos?. Somos una raza que se auto destruye. Y me incluyo, yo no tengo derecho a excluirme de esta crítica tan dura y real. Cada minuto de nuestra vida es un dolor para la tierra. Pero los que más daño le hacen no somos nosotros, los ciudadanos, son ellos, los que verdaderamente mueven los hilos.
En el Informe sobre el Hambre en el Mundo 2011 se advierte, que los países africanos están seriamente amenazados, y eso que todavía sufren las consecuencias de la pasada crisis alimentaria mundial, ¿pasada?, si no ha concluido. Será interesante leer el informe El Estado de la Inseguridad Alimentaria en el Mundo 2011 (SOFI), en él nos hablan sobre la repercusiones de la crisis alimentaria mundial del periodo 2006-2008 y en qué magnitud afectó a los más desfavorecidos, pero la rueda gira y lo dicho en pasado se convierte en presente y futuro.
Los objetivos del Desarrollo del Milenio no se cumplen y continuamente aparecen elementos que alteran lograr dichos objetivos, sequías, volatilidad de los precios de los alimentos, especulación alimentaria y lo que no sabemos. Se habla del problema del cuerno de África, una de las regiones más pobres de la Tierra formada por Somalia, Yibuti, Etiopía y Eritrea, problema del que se habló en el Día Mundial de la Alimentación 2011 y en el que se destacó el incremento del número de personas que sufren pobreza extrema y de las posibles medidas que se pueden adoptar para reducir el efecto de la fluctuación del precio de los alimentos en los segmentos poblacionales más desfavorecidos.
Se dice, que es una situación inaceptable, lo que se lleva años repitiendo, se apostilla que incluso logrando cumplir los objetivos del milenio, 600 millones de personas seguirán padeciendo hambre, se vuelve a hacer hincapié en la colaboración internacional y en que los países se impliquen más en solucionar el problema, de acuerdo, pero sin más informes, comisiones y demás papeleo que siga dilapidando fondos que pueden salvar vidas.
Se invita a los países a que despilfarren menos alimentos, recordemos que otro informe del Instituto de Biotecnología y Alimentos SIK (Suecia) encargado por la FAO, destacaba que unos 1.300 millones de toneladas de alimentos se tiran a la basura, una cantidad que asusta y que debería replantear los sistemas productivos, ya que la pérdida de alimentos se produce en el momento en el que se inicia la producción agrícola, y en cada eslabón de la cadena se desperdicia, incluidos por supuesto los consumidores. Dichas pérdidas son especialmente importantes en los países industrializados, 1.300 millones de toneladas de alimentos que equivalen a los alimentos que se producen en el África subsahariana y que ayudarían significativamente a reducir el hambre en el mundo
Lo cierto que no podemos ignorar los miles de niños que mueren en África, aun en países de nuestro continente todo por no tener un bocado para comer, es alarmante por ejemplo ,lo que nos aporta http://herramientas.blogsome.com , todos los días, cuando nos levantamos, ya han muerto en el mundo 12 mil niños y niñas. No del tsunami que no hubo ayer, de la torre que tampoco se cayó o de la banda terrorista que ya no es, esos 12 mil niños y niñas han muerto de hambre, de simple y maldita hambre. Y el hambre y sus miserables consecuencias no son noticias.
Doce mil niñas y niños muertos entre el desayuno y la cena, entre el periódico de la mañana y el informativo de la noche.
Y hablamos sólo del hambre. Hay otros muchos edificios que se caen todos los días por causas parecidas. Tsunamis de enfermedades para quienes no puedan adquirir las correspondientes vacunas, terremotos que derrumban escuelas y parques infantiles, bandas terroristas que lucran con la explotación laboral infantil, con la prostitución de niños y niñas.
Nos agrega la fuente señalada en su sensibilidad por este hecho horripilante en donde nosotros seres humanos nos cruzamos de brazos cuando señala que el informe de Naciones Unidas dice: “Cada siete segundos muere un niño de hambre”. Alrededor de 12 mil al día.
La prensa necesitaría varias ediciones especiales o agregar 60 páginas más por cada número, para informar someramente de sus nombres, que los hay, de sus rostros, que los tienen, de las familias rotas por el dolor y la impotencia, de esos 12 mil cadáveres que no tienen dolientes ni titulares, que carecen de historia, para los que nadie organiza misas de aniversario y homenajes. Esos doce mil pequeños muertos de todos los días a manos de un canalla orden económico que se nos vende como progreso, que tiene en las leyes que lo amparan la solidez de su impune edificio y que aterroriza a través de sus bandas monetarias el depuesto gobierno de la vida
Si ir muy lejos, nuestro vecino de al lado, afronta serios problemas de hambre como nosotros en Venezuela (motivo de otro escrito) y no nos sorprende como lo comenta semana.com
Sí, hay niños que se mueren de hambre en Colombia. Según un reciente informe de la Universidad Nacional, son 15 mil los menores de cinco años que fallecen cada año por una enfermedad asociada a la desnutrición.
Desnutrición no es solo cuando alguien tiene hambre y no puede comer. “Este problema también se da por los hábitos en los alimentos, el tratamiento del agua potable, no lavarse las manos, todo eso causa en el cuerpo humano una desnutrición”, explicó Paul Martín, delegado en Colombia del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).
Así mismo, alrededor de 500 mil niños colombianos (alrededor del 13 por ciento de la población infantil), sufren de desnutrición crónica, según lo indica un informe del Centro de Estudios sobre Desarrollo Económico (Cede) de la Universidad de los Andes.
Los departamentos más afectados por el flagelo son Chocó, Boyacá, Cauca, Guajira, Cesar y Amazonas. El desplazamiento forzado, sumado al sobre costo de la canasta familiar, dan como resultado familias que no tienen los medios para costear un comida balanceada
Según el Dane, en su informe sobre pobreza en 2008, veinte millones de colombianos son pobres y cerca de ocho millones son indigentes. Pobreza y desnutrición van de la mano.
Para entender lo grave de la situación sirve aclarar que el desarrollo de un ser humano se da en sus tres primeros años de vida. Así que el impacto de las cifras reveladas anteriormente es mayor si se tiene en cuenta que estos niños que hoy no pueden comer nunca podrán recuperar las capacidades deterioradas por su deficiencia alimentaria.
Conclusión
Que triste es percibir y sobre todo sentir, como la raza humana no es solidaria, ante el dolor humano, el cómo nos cuesta dar la mano a quienes sufren , padecen de hambre, especialmente niños, que fueron traídos a este mundo no por su libre albedrío, muchas veces producto de un placer, y una vez que nacen ,no se les cuida, protege, se le garantice su alimento diario; desde luego lo más triste es percibir, como los gobiernos descuidan a la generación de relevo, no le proporcionan la ayuda que requieren, para por lo menos tener el derecho a vivir como si lo tuvo usted. Es una triste realidad que ante los ojos de Dios ello genera culpabilidad a nuestras acciones y por tanto, no nos debe sorprender que muchas veces la misma naturaleza nos pase factura. Dele una mano al que lo necesita, y así esa cadena se incrementará y nos transformemos es ser más solidarios.
Docente universitario, Postgrado de FACES, Universidad de Carabobo
carmorvane@gmail,com
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